COSAS
QUE CUENTAN DE ELLA
Dolores
Aleixandre
En el jardín
de uno de los primeros colegios que fundó en París
había un gran cedro que ella misma había plantado
y solía sentarse a su sombra. La rodeaba la gente pequeña
a quienes tanto quería y también de las mayores
que se sentían atraídas por la sabiduría,
la comprensión y la ternura de aquella mujer a la que podían
contarle todo, preguntarle y confiarle todo, y con la que siempre
terminaban hablando de Jesús.
Cuando murió, pusieron esta inscripción junto al
árbol: "Este cedro fue plantado por la M. Barat en
1820 y con frecuencia descansaba a su sombra. Ella trabajó
para los que buscan la verdad y fue fiel al camino de la sabiduría."