Según
el Diccionario de la RAE, “farol” es “un dicho o
hecho jactancioso que carece de fundamento” Pero ¿y cuando
tiene fundamento? Me lo estoy preguntando al volver a los escritos
de Pablo al comenzar este año dedicado a él y se me
ocurre, como vía de aproximación a sus cartas, hacer
un recuento de sus “faroles”, es decir, de esas afirmaciones
y declaraciones que aparecen en su boca con un inusual tono de descaro,
atrevimiento y hasta desplante y buscarles el “fundamento”.
Digo lo de inusual teniendo en cuenta lo blando y acomodaticio que
puede ser el discurso eclesiástico, tan distinto del de Pablo
tan directo, incisivo y provocador:
No vamos traficando con el mensaje de Dios, como hace la mayoría,
sino que hablamos conscientes de nuestra sinceridad (2Cor 2,16).
Me siento seguro y pienso atreverme con esos que me achacan proceder
por miras humanas. (2 Cor 10,2).
Alguno dice: “Las cartas, sí, son duras y severas, pero
tiene poca presencia y un hablar detestable”. El individuo que
dice eso sepa que de cerca voy a ser en los hechos lo que soy de lejos
y de palabra en mis cartas (2Cor 10, 10-11).
Bajo ningún concepto me tengo yo en menos que esos superapóstoles.
En el hablar seré inculto, de acuerdo; pero en el saber no,
y os lo he demostrado siempre y en todo (2Cor 11,5-7).
Son tantos los que presumen de títulos humanos, que también
yo voy a presumir(…)¿Que son hebreos? También
yo. ¿Que son linaje de Israel? También yo. ¿Que
son descendientes de Abrahán? También yo. ¿Que
sirven a Cristo? Voy a decir un desatino: yo más. Les gano
en fatigas, les gano en cárceles, en palizas sin comparación
y en peligros de muerte con mucho ( 2 Cor 11, 22-23).
Esto, sólo en la 2ª carta a los Corintios (según
la traducción de J. Mateos), pero ahí van estas otras
cuatro perlas:
En cuanto a mí, , tendría motivos para confiar en mis
títulos humanos. Nadie puede hacerlo con más razón
que yo. Si alguno aduce méritos, yo con más razón
(Fil 3,4)
¡Gálatas estúpidos! ¿Quién os ha
embrujado? (Gal 3,1)
Esos que os soliviantan, que se castren del todo (Gal 5,12)
En adelante, que nadie me amargue más la vida, que yo llevo
en mi cuerpo las marcas de Jesús. (Gal 6,17)
¿Qué experiencia se esconde detrás de tanta soltura
y tanta libertad? Debió dejarle marcado la arremetida de Jesús
en el camino de Damasco, cuando lo derribó por el suelo sin
muchas contemplaciones. Ya lo presagiaban aquellas palabras medio
enigmáticas medio desafiantes hablando de él: “Ese
hombre es un instrumento elegido por mí y yo le enseñaré
cuánto tiene que padecer por mi causa” (He 9,16). O lo
que es lo mismo: “se va a enterar de lo que vale un peine”.
Vaya si se enteró.
Nunca ocultó de dónde le venía su fuerza: El
que nos mantiene firmes a mí y a vosotros en la adhesión
a Cristo, es Dios que nos ungió (2Cor 1,22). Estaba convencido
de que su vida había sido “incautada” por Jesús
y de que podía fiarse absolutamente de él y esa seguridad
le transmitía un aplomo, un cuajo y una frescura que ya quisiéramos
para los días de fiesta (y también para los laborables).
El derribado se había puesto de pie. Vaya estatura, y eso que
quería que le llamaran Paulus (pequeño)…