¿Tenía
Tomás un hermano mellizo? A lo mejor sí y esa es la
explicación más evidente y plana de su sobrenombre.
Pero nada nos impide aventurar otra e imaginar que estaba bajo el
signo de Piscis que en el zodiaco se representa como dos peces gemelos
y sugiere una personalidad compleja, contradictoria y “múltiple”.
El apodo le vendría entonces de aquellos dos hombres distintos
que coexistían en él: el Tomás decidido y audaz,
capaz de adentrarse sin temor en lo desconocido y de decir: “¡Vamos
también nosotros a morir con el Maestro!”, y junto a
él, el otro Tomás, su sombra, receloso, desconfiado
y algo cerril. A lo mejor por eso simpatizamos tanto con este discípulo
de reacciones impulsivas y algo descaradas y nos cae tan bien su manera
de aproximarse a Jesús, tan temeraria y desarbolada. Y hasta
podemos sentirnos englobados en esas contradicciones suyas, como si
fuéramos su “gemelo virtual”.
El final de la escena nos llena de esperanza: Tomás el Mellizo,
dividido y desconfiado, es bautizado en las aguas torrenciales del
amor sin límites de Jesús, recibe ahí su nombre
definitivo y único y se adentra, a ciegas por fin y sin miedo,
en la hendidura insondable de tu costado abierto, Señor mío
y Dios mío...