EL ARBOL PEREGRINO

CAMINAR CON SOFÍA BARAT

VIVIR A CORAZON ABIERTO

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"Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir a lo alto del cielo. A su vuelta contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos. "El mundo es eso", reveló, "un montón de gente, un mar de fueguitos". Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende".
(E.Galeano.)

Sofía fue uno de esos fuegos a los que, si te acercas, te enciendes. En este última jornada de camino junto a ella nos confía lo más hondo de su secreto que coincide con lo que Juan Pablo II ha repetido a los jóvenes del mundo: "Si sois lo que tenéis que ser, prenderéis fuego al mundo entero".

 

TENGO CARTA DE SOFIA

Hoy quiero hablarte de cómo fue mi primer proyecto en torno a lo que luego sería la Sociedad el Sagrado Corazón: siempre tuve una gran atracción por permanecer delante de Jesús en la Eucaristía, con mi mirada interior dirigida sólo a El, sabiéndome bajo su mirada y envuelta en su amor. Me sentía llamada a estar sencillamente en su presencia, unida a El, dejando que su vida y los sentimientos de su Corazón entraran en mí, como un canal que recoge el agua de una Fuente, como un leño que se deja abrasar por el Fuego.
Pero lo mismo que un incendio se propaga o, si una piedra cae en el agua crea círculos concéntricos que cada vez llegan más lejos, sentía que la presencia de Jesús, el "peso" de su amor en la Eucaristía, iba extendiéndose y alcanzando a cada persona hasta los confines de la tierra. Y por eso también allí era posible reconocerle y adorarle.
Me ilusionaba entonces la posibilidad de reunirme con un grupo de mujeres que compartieran estos mismos deseos, para poder estar día y noche en adoración. Y así, aunque fuéramos pocas, El podría servirse de nosotras para incendiar el mundo, para hacer llegar a todos la vida de Dios. Porque lo que yo llamo "adoración" no tiene nada de pasivo, al revés, nos saca de nosotras mismas para hacernos entrar en comunión con Jesús y con sus intereses, se apodera de nuestra capacidad de querer y nos convierte en personas cordiales y comprensivas, llenas de ternura y de compasión hacia los otros.
Me imaginaba ese grupo de 24 compañeras pero, en el fondo, pensaba que era muy poco... Y fue en uno de esos tiempos de oración en los que llevaba al mundo entero conmigo, especialmente a los jóvenes, cuando escuché en mi interior: "¿Y si tuviéramos gente joven con nosotras y llegáramos a contagiarles este "espíritu de adoración", este deseo de dar al mundo la buena noticia del amor de Dios? Si emprendiéramos, junto con ellas, la tarea de reparar el tejido tan destruido de las relaciones, sanar tantas vidas heridas, ayudar a ponerse en pie a tanta gente deshecha... ¡Qué diferente sería entonces!
Y me puse a soñar con algo que parecía imposible: centenares, miles de "adoradoras" de todas las naciones y culturas, hasta los confines de la tierra, dispuestas a des-vivirse por un mundo más fraterno, atentas al latido del Corazón de Dios en el corazón del mundo...

Por eso nunca me contenté con educar mujeres muy completas, muy competentes, "muy bien educadas"..., porque lo que yo quiero de verdad es "educar adoradoras".
¿Quieres ser tú una de ellas?

Te quiere, SOFIA

 

VAMOS A REZAR JUNTAS


Ya has escuchado qué es lo que Sofía entendía por "adoración": para ella esa manera de orar era como la respiración de su corazón. ¿Quieres ponerte a su lado para aprender a rezar/vivir así también?
Ponte en presencia de Jesús y siente que su mirada y el amor de su Corazón te envuelven. Imagina que estás de acampada en medio de un bosque. A la vuelta de una marcha, todos venís sedientos y tú, que sabes dónde hay una fuente, vas caminando hacia ella llevando una cantimplora. Al acercarte, escuchas el rumor del agua, te inclinas y bebes hasta que se apaga tu sed. Sientes cómo el agua fresca y limpia te llena de vida y te paras para agradecerlo.
Le dices a Jesús: "Así eres tú para mi: el agua viva que me llena de alegría y que me hace vivir". Recuerdas sus palabras: "Yo he venido para que tengan vida, y vida abundante", y haces tuyo el deseo de la mujer samaritana: "Señor, dame de esa agua para que no tenga nunca más sed..."
Y entonces recuerdas que tus amigos del campamento también tienen sed, y llenas tu cantimplora para compartir el agua con ellos. Dejas que vengan a tu memoria los rostros de gente "sedienta": niños privados de comida y de cariño, pueblos que viven en guerra, grupos de refugiados, enfermos, pobres... Jesús ha puesto en ti una mirada de compasión hacia cada uno de ellos y también el deseo de vivir para ayudar a los demás, con el corazón, como el de Jesús, abierto de par en par.
Vuelves al campamento con tu cantimplora llena pero, sobre todo, colmada de energía creadora: se han liberado en ti fuerzas vitales que vienen directamente del Corazón de Cristo y has descubierto en ti una nueva capacidad de ser "adoradora" trabajando para que la tierra sea más habitable para todos.

 

 

COSAS QUE  CUENTAN DE ELLA

A lo largo de su vida, Sofía fue descubriendo que el significado profundo de la "devoción al Corazón de Jesús" era amarle y saberse amada por El, sin ninguna clase de juicio, censura o amenaza. Esa experiencia la llenó de alegría y la impulsó a emprender la aventura de vivir "a corazón abierto". Ya no quería otra cosa más que parecerse a Jesús desde dentro y su propio corazón se fue también convirtiendo en un espacio abierto donde cabían todos. Creció su capacidad de dar a los demás lo mejor que había en ella: su comprensión y su cariño. Al final de su vida (esa manera de ser no se "teje" en poco tiempo...) los que se acercaban a ella recibían de su mirada un mensaje secreto: "Estoy de tu parte". Hizo la experiencia de que podía amar y confiar porque había nacido del Amor. Se dio cuenta de que su vida era un don y podía liberar a los demás, porque ella misma había sido liberada por aquel cuyo Corazón es más grande que el nuestro.
Los que ahora caminamos con ella, podemos entender mejor lo que decía de pequeña: "¡El fuego me ha traído al mundo!" Porque sabemos que el Fuego que convirtió su vida en un incendio, puede también hacer arder la nuestra.


AYÚDAME A MIRAR

Los rostros y nombres de tres mujeres coreanas pueden hacernos entender mejor lo que es una "espiritualidad del corazón". El primero es el de Myoung Sook, una niña de Kohan, un antiguo pueblo minero al nordeste de Corea. Al cerrar las minas, se acabó el trabajo y comenzó la pobreza y la desesperanza de los jóvenes que veían su futuro cerrado. La comunidad de RSCJ ha creado un local de estudio, "Huk Bit" ("Ser luz en las tinieblas" en coreano), para ayudar a los jóvenes a tomar conciencia de su valor personal y ayudarles a reconciliarse con ellos mismos. Myoung Sook tiene un padre alcohólico que pega a su madre y en el local de estudio se mostraba agresiva y hostil porque se despreciaba a sí misma. Nada de eso hizo cambiar la actitud de sus educadoras que continuaron tratándola con paciente cariño. Al final del trimestre, Myoung Sook ha comenzado a cambiar y en sus ojos comienza a asomarse la paz.

El segundo rostro es el de Son In Sook, una RSCJ que vive con su comunidad en un barrio muy pobre de Seúl. Antes de los Juegos Olímpicos, el gobierno decidió destruir las casuchas sin dar ninguna indemnización a sus habitantes que se quedaban en la calle desesperados. Son In Sook invitó a cristiano y no cristianos a reunirse para orar. Los que no sabían cómo hacerlo descubrieron que sí sabían gritar a Dios: "¡Quiero vivir como un ser humano!", "¡Quiero luchar por nuestros derechos!"...
Cuando llegaron los bulldozers, los esperaron en la calle. La policía cargó, hubo muertos y heridos. Como Son da clase en la universidad, trató de implicar a los estudiantes: "¡Aprended de la gente, no sólo de los libros!". Muchos vinieron a conocer el barrio, hablaron con la gente y se unieron a una jornada de ayuno. Se convocó otra manifestación, muy peligrosa esta vez y sabían que habría detenciones. No querían ser violentos, sólo era un pueblo que deseaba hacer algo por la justicia. Son In Sook tenía miedo y confiesa que tuvo la tentación de quedarse en casa pero ¿cómo iba a abandonar a la gente en ese momento?. Fue con ellos, la detuvieron y fue a parar a la cárcel. No le gusta hablar de ello..., pero por fin habían conseguido que les dieran otras viviendas y que la Iglesia
católica organizara un departamento social. Pero lo más bonito fue que jóvenes universitarios entraron en relación con gente pobre y comenzó una historia y de amistad y de lucha común.

"El tercer rostro (lo cuenta Mary Hinde, RSCJ inglesa) es de una anciana con la que no pude comunicarme con palabras, pero sí desde el corazón. Me abrió la puerta de su casita mísera, preparó para mí un té de arroz y me lo ofreció sonriendo. Desde hacía ocho años tenía en su casa a dos hermanos abandonados que habían encontrado en el río intentando suicidarse y que ahora acuden al local de estudio de Kohan. Como la viuda del Evangelio, también ella vive compartiendo lo poco que tiene para vivir."
Más allá de sus rostros, las tres nos descubren lo que es "vivir con el corazón de par en par."

 
Dolores Aleixandre rscj