Era un brahmán
muy piadoso. Al despertarse cada mañana tomaba su baño
ritual y se dirigía al templo con su ofrenda. Repetía
su culto tres veces al día. Un día rezó con todo
fervor. Señor, ya ves que yo vengo a tu casa todos los días...
¿Por qué no vienes tú a la mía? A lo que
Dios le respondió. Mañana iré a tu casa.
Aquel hombre en
el colmo de su dicha, limpió y adornó su casa. Puso guirnaldas
en la puerta y preparó la mesa con una suculenta comida. Todo
estaba a punto para recibir a Dios.
Por la mañana
un niño vagabundo vio a través de la ventana aquellos
manjares y pidió algo para saciar su hambre. Furioso el brahmán
ante tal pretensión, lo despachó diciendo: <<¿Cómo
te atreves a pedir lo que está preparado para Dios?>> Pero
Dios no llegaba todavía. Continuando su espera, ve entrar a un
mendigo pidiendo limosna. Rápidamente lo echa y limpia los rastros
de las pisadas del mendigo. Por la tarde sigue esperando la llegada
de Dios. Sólo aparece un peregrino que pide descansar un rato
en el banco frente a su casa: Imposible, este banco está reservado
para Dios!.
Al día siguiente,
al presentar la ofrenda de la mañana, el brahmán se queja
a Dios entre lágrimas: ¿Señor, por qué no
viniste a mi casa como me habías prometido?.Entonces una voz
le respondió: Fui tres veces y las tres me rechazaste.
Parábola
de la India