“Nuestro
Congo no encuentra su libertad. Está lleno de riquezas que aprovechan
a unos pocos de aquí y a muchos de fuera. La situación
del país es muy triste y no se le ve salida. Realmente nos despojan
a cambio de muy poco (...)
El bajo nivel económico del país explica la situación
de los colegios. En Primaria los alumnos no tienen libros, sólo
el maestro. En Secundaria los alquilan y los devuelven al final. En
los colegios del estado algunos ni tienen pupitres. Si había
ventanas, ya no hay cristales. Reina la corrupción. Se mantiene
la disciplina con la vara. En nuestros colegios, los profesores han
comprendido que queremos una educación basada en el respeto y
el amor. Hasta ahora los padres contribuían con algún
dinero para poder dar un salario más digno pero los obispos han
pedido que se suprima para obligar al estado a hacer lo que debe, pero
este gobierno no muestra ningún sentido de justicia social (...)
Los
niños suelen ir al colegio sin desayunar. Algunos llevan alguna
moneda para comprar un buñuelo, pero otros, ni eso. Si alguno
no trae nada, los amigos le darán algo porque aquí el
compartir lo viven desde la infancia. En nuestros colegios se suele
dar papilla de maíz con azúcar a los de Primaria.
Cuando
no hay clase juegan mucho en la calle con los amigos. Los chicos al
fútbol y las chicas a casitas, saltar u otras cosas. Son muy
habilidosos para fabricar sus propios juguetes con latas, alambres,
etc. Si no hay electricidad, el la familia que tiene coche enchufa la
TV en la batería y la instala de manera que los vecinos puedan
ir a verla...”
Mª
Nuria Sánchez Ocaña, rscj