Una historia de un inmigrante.


Yusef Sow
Murcia 10/07/2007


Muchos inmigrantes, cuando se les pide que cuenten su historia, normalmente se centran en las penurias que han vivido. Bien por la miseria que han conocido en su tierra, por lo que han tenido que sufrir para llegar hasta aquí, o simplemente por las duras condiciones de vida que tienen que soportar en España. Casi nunca hablan de las cosas buenas que les han pasado o que viven aquí. Es como si quisieran que los demás se compadecieran de ellos, o bien hacerles culpables, y esto me parece lamentable. Creo que es hora de que afrontemos la realidad y miremos de frente nuestra responsabilidad. No niego, para nada, el hecho de que hemos sufrido, y que muchos de entre nosotros continúan sufriendo toda clase de injusticias, ya sea por racismo, por marginación, etc. Pero estoy realmente convencido que el hecho de llorar su suerte, de chillarla a los cuatro vientos, o de culpabilizar al otro, no cambiará nada, no resolverá el problema.

Ya es hora de que entendamos que somos nosotros los extranjeros en este pais, que somos nosotros los que debemos integrarnos a una nueva forma de vida que es diferente de aquello que conocemos en nuestros lugares de origen, y que si el sistema está mal hecho, al punto que nos de tan pocos derechos, no es la gente la que tiene la culpa. Aceptemos abrirnos a los otros, los que nos han acogido en su tierra, intentemos conocerlos mejor, empezando por intentar comprender mejor su lengua, su cultura, y, por qué no, su historia. E incluso si al principio nos rechazan por simple ignorancia, no sigamos en el mismo error que ellos; Si no, al contrario, insistamos con nuestro amor, nuestro calor, sobre la que se basa nuestra cultura, Intentemos mostrar que nosotros tambien somos personas cibilizadas, ciertamente diferentes debido a nuestro color y cultura, pero que si estamos aquí, no es simplemente para tener una vida mejor, si no tambien para compartir y enriquecernos de nuestras diferencias raciales y culturales. Pero mientran formemos comunidades opacas, isoladas las unas de las otras, es seguro que siempre habrá habrá incomprensión de los unos por los otros, y esto alimentará más todavía nuestros prejuicios.

Hace un año y medio que vivo en este pais, al principio no entendía una sola palabra de español, las únicas personas que veia eran las de mi comunidad. Cuando caminaba por la calle tenia la impresión de ser un marciano que viene a visitar a los terrícolas, no entendia lo que la gente decía, y tenia la impresión de que todas las miradas que se posaban sobre mi me indicaban que me había equivocado de sitio, que no tenia mi sitio aquí. Y por primera vez de mi vida me daba cuenta de que tenia un color, y esto me ponía furioso. Cuando compartía estos sentimientos con mi comunidad, con sus comentarios, agrandaban más mi odio hacia esa gente y me encerraba totalmente en mi pequeño mundo. Con el tiempo, sin buscarlo, he empezado a comprender la lengua, y poco a poco mi curiosidad se ha despertado, y, a pesar de mi miedo alimentado de todos esos prejuicios que me habían inculcado, sentía la necesidad de ir hacia los otros, aquellos que eran diferentes a mi, y que me parecían tan bellos, justamente porque eran diferentes, poco a poco he empezado ha hacer amigos, la mayor parte de ellos españoles y desde entonces he aprendido un montón de cosas, y la más importante de todas es que son nuestros miedos a lo desconocido lo que alimenta nuestros prejuicios y que nos vuelven, a veces, peor que aquellos a loa que condenamos.

Sigo llevando una vida difícil y dura, sin papeles, sin posibilidad de trabajo, o con trabajos dignos de esclavos, pero a pesar de esto me siento feliz porque, incluso si el sistema me impone un camino tortuoso para salir adelante, la gente que me rodea, y que no son en absoluto culpables de mi situación, llenan mi vida de sol. Y cada día aprendo un poco más hasta qué punto las diferencias raciales y culturales nos enriquecen, cuando osamos, aunque sea poco, hacer el esfuerzo de ir hacia el otro.